‘J, Edgar’ se centra en lo enormemente contradictorio del personaje. Alguien que es al mismo tiempo héroe y villano, un ferviente defensor de la ley a la vez que un hombre que se siente por encima de la misma o un conservador represivo que en realidad es un homosexual reprimida. Precisamente su dudosa sexualidad y la enorme influencia de una madre ultraprotectora son las dos cosas que sirven para humanizar al personaje. Si bien la primera, con su relación con Clyde Tolson, interpretado por Armie Hammer, contiene lo mejor de la película, la segunda no es más que una sombra, dejando abiertas muchas posibilidades y permitiendo que el papel interpretado por Judi Dench, la madre del protagonista, se quede en algo hueco.
Como decíamos Leonardo Di Caprio y Armie Hammer se llevan la mejor parte. Ambos están bastante bien, el primero con una actuación que recuerda bastante a cuando hizo de Howard Hughes en ‘El aviador’. La película en sí también recuerda a la de Scorsese, sobre todo en el resultado, a pesar de estar bien realizadas, ambas distan bastante de estar entre lo mejor de sus directores. El segundo, Hammer, está perfecto hasta que las capas de maquillaje le convierten en una momia inexpresiva. Lo de Naomi Watts es un desperdicio total. Tener a una actriz de su talla para entregarle un personaje que se diluye en la trama como un azucarillo debería ser pecado.
La película está construída como un puzzle a través de las entrevistas con el agente Smith. Un Hoover anciano va recordando los hechos de su vida. Su visión hagiográfica de si mismo se verá puesta en tela de juicio por sus acciones presentes. Eastwood logra darle ritmo a una película, que más que un repaso a la carrera del fundador del FBI, sirve para presentarlo como un ser humano con sus muchas contradicciones. De los grandes hechos de su vida la película se centra en la resolución del secuestro del hijo del aviador Charles Lindberghque fue gracias al cuál consiguió más popularidad y poder.
Su archivo de secretos de los hombres más poderosos del país le hicieron uno de los seres más temidos y, posiblemente, el más poderoso del país. Siendo un hombre que se vendía como la imagen de la ley, no dejaba de ser curiosa su manera de chantajear y extorsionar. La película lo vende como su escudo personal y termina por absolverlo cuando al final de sus días el archivo desapareció. Este escudo le sirvió para acudir a su periódica cita con el nuevo presidente de los EEUU, conoció siete, en un trámite en el que Hoover ponía las cartas encima de la mesa. Tiene su gracia que tras salir indemne de todos, tras su entrevista con Nixon, el todopoderoso director del FBI acabe poniéndose a llorar.
Momentos como ese elevan a la película, pero al final la suma de sus partes da un resultado negativo. Es una pena porque la cinta está llena de elementos ganadores. El pulso de Eastwood en la dirección sigue siendo firme, Di Caprio se sobrepone al maquillaje y realiza una interpretación muy interesante, el montaje es preciso y la recreación de época es perfecta. Aun así el resultado final chirría, entregando un producto muy bien realizado pero que carece de alma. Y es que la película no llega a contestar en ninguna ocasión a la gran pregunta ¿quién era realmente J. Edgar Hoover?